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Firma y fecha: RHL 1632
Tabla, 48,7 x 40,2 cm.













- Los expertos rechazan la atribución de este cuadro a Rembrandt.

- A pesar del efecto blado y vaporoso, ajeno a Rembrandt, se percibe una finura tan magistral en la ejecución, tanto en la pincelada como en el tratamiento de las densidades y el color, que sólo puede ser debida al maestro (¿quién, sino Rembrandt, puede tratar la materia en el cráneo de una manera tan económica y precisa, con las pinceladas en la dirección de la luz?). Existen muchos ejemplos en los que, como aquí, hace ejercicios de elasticidad con su estilo.









Firma y fecha: RHL. 1630
Tabla, 67,4 x 55,9 cm.













- No es un Rembrandt de primera clase, por supuesto, pero el que lo rechazó como auténtico tenía un mal día.

- Un emulador, como se pretende, habría sido más cuidadoso en su torpeza. Esta relativa dejadez en la ejecución se la podía permitir Rembrandt en un trabajo de "tronie" barato, alimenticio. A lo que debemos añadir los evidentes estragos del tiempo.




 










Firma y fecha: __ (c. 1660)
Tabla, 25 x 19.5 cm.














- Es un estudio de luz del propio Rembrandt.

- Sorprende la manera tan tosca de construir la forma, pero la valoración de la luz, las pinceladas y, sobre todo, la gama de colores y el refinado e inteligente vigor con que es utilizada (p.ej., el color amarillo en el bigote), despejan cualquier duda. 










Firma y fecha: Rembrandt f. 1632 (cuestionables)
Tabla, 61,1 x 45,5 cm.

Inscripción:  AE 47












- Se considera de taller, cuando es por entero de  Rembrandt.

- Resulta evidente que en muchos de sus retratos empleó,
dentro de su maestría, una técnica meramente correcta,  como para salir del paso.

 - Aquí el rostro es más flojo que el resto. Un ejemplo evidente es la boca. Está perfectamente ajustada en expresión y efecto con el conjunto de la cara, pero, técnicamente, ha sido poco trabajada, sin ningún interés. Rembrandt, por lo regular, confía gran parte de la fuerza de sus retratos en el vigor expresivo de las bocas. En este caso, el dinero aportado por el cliente no debíó ser elevado.